Bueno, al menos eso he dicho unas cincuenta veces en tono sarcástico durante la última semana.

Ahhhh! Es tan difícil decir una cosa, cuando se piensa de una forma y además se siente de otra.

¿Por qué este mundo arrabalero se hinca ante reglamentos sociales un mucho trastornados en desmedida-cortesía de flojera y exagerados en rigidez? Es decir dos-puntos que puede sonar familiar un “no hagas eso, porque no se ve bien”, “no hagas lo otro porque que van a pensar”, “no digas lo que sientes/piensas/quieres porque no es correcto”, “cuidado, te puedes condenar”…¡ja! patrañas asquerosas que nos inhiben de obtener respuestas, sin respuestas hay especulaciones, con especulaciones hay veinte posibles escenarios y entonces concluir lo correcto se complica y el problema que pudo tener solución en tres minutos, lo obtendremos en exactamente…meses, años o nunca y viviremos siempre en el error o la duda.

Y luego inventan que no cierras tu círculo y que no superas no se que ¡pues no!, cómo diantres logras dar la vuela a la página del conflicto entre tanto mugrero y desperdicio de espacio cerebral activo.

Es como una matemática infernal, tienes un problema, le sumas dudas, le restas opciones que a su vez son determinadas por la moral-mocha y la ética-retro, la divides entre tanto compa a la redonda que suman a tu problema opiniones determinadas por su propia moral-mocha, ética-retro y reglas-trilladas, lo multiplicas por confusión…la confusión da miedo, el miedo hace temblar, lo cuál desconcentra y de lo que queda consciente en el revoltijo hay que añadir unas plegarias para poder decidir hacer no lo que se debe, sino lo que verdaderamente nos haga felices.

Ahora, de las miles de reglas sociales, me ocupan aquí esas de “manejos de crisis” cuando se mal-vibran dos amigos, dos mujeres se quieren sacar los ojos, el jefe-soviético conflictúa a sus súbditos, un chisme tras bambalinas arruina una familia, el marido engaña a su mujer o viceversa, no encuentras la respuesta a tu felicidad en las opciones…¡que desgaste tan innecesario! que simplemente genera dudas y rencores a los que se les pone velita año con año.

Si es que importa tanto proteger y la opinión de influenciadotes alrededor, pues la respuesta es mejor, ellos siempre notan, dicen y saben cuándo uno está feliz o no y los que no, simplemente lo demuestran. Y recuerdo claramente alguna época difícil en que me decían “es que, ahora eres girs”, “no estás feliz”, “ya no me caes bien”, “te siento sumergida”, “te veo desesperada” y yo…no lo notaba, todo pasaba gradualmente, como cuándo bajas de peso y no notas la diferencia tan evidente como lo hacen los demás y vas cavando tu propia tumba de insatisfacción y mediocridad. Claro, en nombre de los demás, que al final serían más felices aprendiendo de la vida sin ser más protegidos o tapados de los ojos por la infelicidad comunal…al final, las vendas se quitan y nadie resulta satisfecho.

Está más lindo agarrarse sus partes que más valor representen y decir lo que se tiene que decir. No hay más. ¿Cuándo?, bueno pues cuándo se sabe exactamente lo que se tiene que decir. Muchas veces no lo sabemos en el instante y ¡que bueno! así sirve que en el camino le puede uno sazonar con un poco de tacto y criterio.

A veces recurro a consultar alguna de estas cosas existenciales del reglamento social no escrito para que la trastornada ética y moral comprometida con éstas reglas, me frene de hacer cosas a mi manera y desatar una catástrofe (disque). Estadísticamente siguiendo el patrón social y no el que me hace feliz, nadie resulta beneficiado. Y no se si me he condenado, no creo que ser feliz y que todos lo disfrutemos lo implique.

Pero, no hay catástrofe alguna si más que seguir reglas sociales preestablecidas y decadentes (que además no aplican para todos), se actúa con criterio y talento en la dirección y forma que al final satisfaga personalmente.

Tal vez así se evita un poco la frustración, la impotencia, las migrañas, los insomnios y seguramente muchos otros padecimientos producto del silencio forzado y las ataduras sociales. A lo mejor así seríamos una sociedad más feliz.

A mi pensar, la felicidad está en tener la lucidez de decir y hacer lo que se debe, que me haga feliz (si, pensar egoísta hace que el mundo se acomode) y luego ya siendo feliz el mundo se acomoda. Esto se logra sin ataduras.

Las trabas sociales las escogemos de acuerdo a una moral mal formada, que si perjudicas a alguien, que si haces sentir mal a tres a la redonda, que si tu hijo sufrirá, que si tu mamá se decepcionará…la verdad es que estando uno bien, todo alrededor lo está por consecuencia, pero el sentido proteccionista perjudica a todos y no hace feliz a nadie. Sin miedos y con honestidad auténtica, de lo contrario los futuros se hacen grises eternamente y lo peor es creer que se hizo lo correcto. Claro, como uno no tiene visiones de los futuros por decisiones alternativas el resultado no es que eres feliz, sino que te conformas.

No se, no creo entenderlo pronto. Cuando esta en mi, peco de imprudente quizá, cuándo no lo está sigo las reglas que se dictaminen, al menos de aquí a que encuentre una forma en donde lo que se debe, se siente y se quiere se conjuguen.

Lo que hoy evito es quedarme instalada en la infelicidad (antes de acostumbrarme), porque hoy me quiero y quiero a los que se recetan mi presencia.