Es necesario saber toda la historia. Siempre me ha divertido la idea de pensar en lo místico y escéptico de la adivinación y tenía ganas de vivirlo…de nuevo, pa’ quitarme el susto.
Felices años atrás me leyeron las cartas, esa lectura me entretuvo unos minutos y me generó diversión por días porque no la pelé mucho y sirvió para amenizar varias sobremesas.
Meses después en el lejano Oriente, encontré accidentalmente un adivino Hongkoniano que inicialmente se ofreció como guía de turistas, estaba en un templo donde se reza y los dioses regresan el favor contestando preguntas y guiando a través de “tiradas” de palillos chinos en una especie de auto-lectura. Dicho compadre Hongkoniano terminó diciéndome diálogos sospechosos sobre “algo que veía en mi futuro”, entonces dijo ser adivino, con su mal inglés y mi nulo chino traté de indagar más porque el hombre había sembrado lo peor en mi; la duda, ¡gran error! y lo justo necesario para ponerme el pelo de punta y aquel como que decía mucho y no decía nada.
Pregunté y pregunté, pero no quiso aclarar más, al grado de empezar a alejarse de mi caminando hacia atrás, ya luego más rapidito tuvo que darme la espalda para correr y ahí voy atrás pegándole semejante corretiza que brindó al turismo una de las escenas más conmovedoras así de lagrimita (de la risa obvio). Corríamos de un lado a otro del templo, afuera, en los jardines y al final traté de pescarlo tirando manotazos alrededor de la estatua de un león sagrado, mientras tanto mi amiga compañera de viaje me gritaba lo poco que podía entre risas “ya déjalo, no te va a decir, pero si lo agarras dale un sape”. Si, confieso haber armado una persecución pública al más puro estilo Jackie Chan en su sagrada tierra.
Ese episodio me sigue regalando carcajadas al recordar escenas en cámara lenta del adivino chaini ante mi grito “cooooomeee heeere, doooon’t ruuuuuuuuun you $&%@@@@!” y su cierre maestro (con acento chino) mientras se alejaba definitivamente “don’t woly, you’ll be gleat, you’ll be fine ovel-all” y desapareció…
…Tal como desaparecen las risas y más cuándo los futuros predichos no hablan de carnavales multicolor. Así que estando en medio de la-tremenda-profecía ¿aja-já verdad? me quitaron mi maravillosa exhibición dental al darme cuenta que lo que escuché se convirtió en realidad y si, acabé en un hospital y si, casi no la cuento y si, justo ahí fue cuando recordé los episodios de los adivinos en sus diferentes ramos. Obvio, mala hierba aquí nos vemos y pues sólo fue un susto para recordarme que la vida no debo tomarla taaaan en serio y las lecturas menos (aunque se me haya hecho rosca la tripa cuando asocié los acontecimientos con las predicciones) igual se me olvidó todo; el acongojo, el susto y las adivinaciones por años…
…Hasta estos días.
Una noche de condiciones perfectas, cenaba con Sara y Mon en un lugar de Polanco, con una tabla de quesos al frente, botella de vino, charla maravillosa y atención divina (en momentos excedida) de parte de los encargados-de-nada-mal-ver del lugar, tuvimos la escena completa y matizada más un par de cortesías.
Estábamos muy a gusto, y un poco cansadas, pero saber del futuro siempre despierta. Habíamos programado con todo nuestro esfuerzo irnos a dormir temprano pero los quesos sabían a cielo y el vino ¡lo iluminaba caray!, pero la catástrofe real que no recuerdo muy bien debió ser algo como “luego te leo las Runas” por parte de Sara hacia mi siempre-dispuesta-persona.
Recuerdo que mientras Sara lo decía yo estaba un poco distraída viendo una pareja que no platicaba, al menos no mucho, se veían poco, más bien estaban al pendiente de lo poco interesante que había en la calle y me hizo pensar en lo absurdo de compartir una mesa sin compartir más nada.
Fue entonces que después del tercer eco en mi cabeza con la voz de Sara, la volteé a ver, le fruncí la ceja y le repetí lo mismo pero creo que más bien fue instinto de salvación y con el “si, luego me lees las Runas” ¡aleluya! pude digerir la frase.
Pero como esto sucede en nanomilésimas de segundos. Para los que no sepan la medida exacta (como me lo enseñó Gazoome) es exactamente el tiempo que transcurre entre que termina de cambiar el semáforo a verde y el de atrás te está tocando el claxon.
Aclarado entonces, siendo todo tan rápido, Sara me dice “es más, deja ver si las traigo” y entonces todo sucedió.
Miles de preguntas, pero las divertidas son las de cajón esas de ‘diamor’ y desamor. ¡Ah!, ese futuro contenía información no apta para menores y me lo platicó con palabras tales que no pude ayudarme, exploté en una sonrisa que terminó por escupir gran carcajada (súper escandalosa) que me brindó miradas en diferentes formatos de los vecinos comensales, después las tres al unísono soltamos un “Tssssssssssssssss” que culminó con mis ojos re-abiertos, un manotazo en mi espalda cortesía de Mon y un profundo “¡si wey, así!” de Sara. Risas y brindis ya que aquello fue una cosa muy interesante y si sucede todo así requeriré palomitas en mano porque aprenderé una de esas grandes incógnitas de mi vida. No ha pasado ni un mes de esto y las cosas esas dichas han coincidido.
Las risas siguieron así como las preguntas. Muchas respuestas con nombre y otras que bautizamos en ese momento. Entre “¡noooooooo’s!” y ¡que “taaaaal’es!” apuesto que la clientela del lugar quedó intrigada y otros seguramente tuvieron impulsos de acercarse para saber algo del chisme o callarnos a servilletazos.
La última respuesta de las Runas esa noche fue “por favor vete mañana”, “si puedes es más vete ahorita”. Sentí entonces un escalofrío de pelo a dedo y algo tipo adrenalina. Todas gritamos. Las miradas nos las dedicaron de nuevo los de a lado y comenzamos a fantasear como solo tres mujeres en el ocio total pueden hacerlo, adivinando futuros alternativos y riendo hasta que nos dimos cuenta de la hora. Tal vez esa última de “si puedes vete ahorita” se refería al desalojo inmediato de ese lugar porque ya estábamos cayendo en lo absurdo (de nuevo) y ridículo (como de costumbre).
Esta curiosidad de los futuros nos llevó a terquear en el mundo del Tarot unos días después, de alguna forma curiosa nos confirmaron aquella lectura de Runas, pero como me aventé lectura pública en el depa de Mon, los momentos subsecuentes fueron igual de tontos y divertidos.
Con lo anterior, declaramos satisfecha nuestra innecesaria necedad de repasar las diferentes disciplinas adivinatorias.
La gente nos puede juzgar bajo el ángulo que quiera, pero la convivencia y diversión nadie nos la quita. No se si me haré adicta a estos asuntos por lo que representan o por la liberación sin piedad de bromas y comentarios absurdos con su toque cómico-filosófico.
Al final, no me es muy importante saber lo que viene, es más, no para tomarlo tan a pecho, me divierte mucho lo confieso, me entretiene fantasear pensando que haría ante ciertas situaciones, pero sin permanecer ahí porque prefiero una de mis trilladerías favoritas que dice “vive cada día como si fuera el último, total, algún día tendrás la razón”