Era un set de cuatro trazos de patos con aires de pingüinos que habitaban mi comedor, nunca me convenció la ”María Luisa” que les apliqué con hojas baratas imitación madera. Ya no importa, no estarán más ahí.

Hoy son sólo tres, uno se cayó. No lo volveré a poner, tendría un recuerdo que sabe mal y no es bueno ver sintiendo sabor amargo a moneda vieja.

Ese cuadro representaba una tarde alegre en Vancouver, hoy ese cuadro se ve gris.

La tarde en Vancouver va a quedar para siempre, esa no sufrió daños.

La extraña caída del cuadro, me recordó que hay que observar. No tengo interés en comprender su caída, prefiero entender la mía, la que estaba sufriendo minutos antes que la del cuadro. Una caída dolorosa del alma ante una mala percepción y una pésima decisión.

Ese cuadro me hizo observarme.

El set antes completo ya había recolectado la caída desastrosa de alguien más y sobrevivió completo hasta hace unos días para recordármelo, pero lo ignoré, hasta hoy, sé que no pude caer en mejor lugar (rascando al positivismo), porque recordé lo que quiero, lo que no, lo que necesito reinventar y sobretodo observar.

Una mala decisión tiene consecuencias que se pagan, así funciona, no siempre se decide lo correcto.

Hoy ya no es ayer, nada que reparar. Aspiro (en el mejor de los casos) a rectificarle a quién quiero y herí.

Para mí, además de rectificarme y consolar el mal momento, tengo espacios y acciones que redecorar para lucir en este mundo un poco mejor.

Phaeleh – Afterglow ft. Soundmouse